Efectos globales y sobre los ecosistemas

Cada vez está más clara la necesidad de realizar estudios sobre los posibles efectos que puede producir la contaminación atmosférica a largo plazo sobre los distintos ecosistemas, el clima y la estratosfera.

EFECTO INVERNADERO

El aumento de las concentraciones de dióxido de carbono y de otros contaminantes en la atmósfera puede dar lugar a una elevación general de la temperatura del globo –por el llamado efecto invernadero– que modificaría el régimen de lluvias, alterando la extensión de las tierras cultivables y de los desiertos. Por otra parte, los sulfatos y las partículas finas que disminuyen la visibilidad pueden reducir la intensidad de la radiación solar.

Los hidrocarburos halogenados y los óxidos de nitrógeno emitidos por los aviones supersónicos pueden provocar una disminución de ozono en la estratosfera que haría aumentar peligrosamente la radiación ultravioleta que llegaría a la Tierra.

DISMINUCION EN LA CONCENTRACION DE OZONO

La capa estratosférica de ozono tiene un papel fundamental para los seres vivos, ya que protege la superficie de la tierra de una exposición excesiva a los rayos solares ultravioletas actuando como filtro. Por eso, una disminución significativa de esta capa protectora tendría efectos perjudiciales para la salud humana y para toda la biosfera.

Este incremento de la radiación produciría un aumento apreciable de casos de cáncer de piel en los seres humanos y efectos negativos sobre los organismos como ciertos tipos de plancton vegetal, animales invertebrados y algunos vertebrados que son especialmente sensibles a la radiación ultravioleta en algunas etapas de su ciclo vital.

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Ya se esta comprobando que los efectos de algunos contaminantes pueden tener consecuencias ecológicas irreversibles. Dos ejemplos son las modificaciones de las características de los suelos debidas al lavado de sus elementos por las lluvias ácidas o los cambios producidos en las grandes masas de agua por el aumento de la concentración de metales tóxicos.

LA LLUVIA ACIDA

La acidificación de las aguas interiores tiene efectos muy graves sobre los ecosistemas acuáticos, ya que afecta a todos los organismos integrantes del medio dulceacuícola y altera la estructura de todos sus niveles tróficos. La acidificación de los lagos y de las masas de agua se extiende cada vez a un mayor número de países, afectando día a día a áreas más extensas.

Los primeros efectos producidos por las precipitaciones ácidas se detectaron en cientos de lagos de Escandinavia en los años 60. En la actualidad, de los 18.000 lagos acidificados en Suecia, unos 6.000 muestran graves daños sobre la biología acuática y cerca de 2.000 –situados en la zona meridional y central– han perdido sus poblaciones piscícolas. Las zonas más propensas a la acidificación del agua tienen suelos ácidos de poca profundidad, superpuestos a rocas graníticas o son suelos arenosos muy erosionados.

Una acidez anormal en el agua de los lagos y ríos provoca un fuerte aumento del contenido de iones metálicos como el aluminio cadmio, zinc y plomo disueltos en el agua, que son más fácilmente absorbidos y acumulados por plantas y animales acuáticos. En especial, el ión aluminio es muy tóxico para la mayor parte de los organismos y se cree que las poblaciones de peces en los lagos acidificados mueren envenenadas por este metal.  

EFECTOS SOBRE LOS SUELOS

Los suelos suelen ser más resistentes a la acidificación que el agua, aunque el grado de sensibilidad puede variar mucho, dependiendo principalmente del espesor de la capa de humus, de la consistencia del sustrato y del tipo de rocas.

Uno de los efectos mas importantes de la acidificación de los suelos es, probablemente, el incremento de la movilidad de sus elementos, que causa la pérdida de ciertos cationes metálicos de carácter básico como el calcio, magnesio, potasio y aluminio.

En Europa Central, las altas deposiciones de compuestos de azufre y nitrógeno han producido graves daños sobre amplias áreas de suelo y bosques, afectados por la acción combinada de ácidos y metales en el suelo y por las altas concentraciones de SO2 presentes en el aire.

La combinación de un bajo pH junto con la presencia de metales –principalmente aluminio–, produce daños en las raíces de los árboles que dificultan la absorción de los nutrientes. Al debilitarse, los árboles se vuelven más sensibles a las plagas.

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