Historia de la Red de Vigilancia

Los problemas de contaminación atmosférica de Madrid, comenzaron a ser evaluados a partir de la creación del Departamento de lucha contra la contaminación atmosférica en 1968, por medio de redes manuales, llegando a disponer de 40 captadores de muestra, que recogidos diariamente, se analizaban en laboratorio.

La Ley de Protección del Medio Ambiente Atmosférico de 1972 y el Decreto 833/75 de 6 de febrero llevaron a declarar una parte del término municipal de Madrid como Zona de Atmósfera Contaminada (30-12-1977), por lo que el Ayuntamiento creó un dispositivo de vigilancia y control que permitiera conocer en tiempo real la situación atmosférica de la ciudad: puso en funcionamiento la RED Automática para el Control y Vigilancia de la Contaminación Atmosférica que en febrero de 1978 contaba con 16 estaciones remotas y un Centro de Control.

Desde entonces, la RED ha sido ampliada y modificada –tanto en el número de estaciones remotas como en el de sensores para medir distintos contaminantes– para irse adecuando a las cada vez más estrictas normas europeas.

Como consecuencia de la alta exigencia de las sucesivas Directivas y de unos criterios de protección de la salud cada vez más rigurosos, en los años noventa se puso en marcha un SISTEMA que actualizara el tradicional concepto de red de vigilancia y control, introduciendo uno más amplio y ajustado a la política comunitaria que incluyera la vigilancia, predicción e información, como elementos fundamentales en la lucha contra la contaminación atmosférica.

En el año 2009, la Dirección General de Calidad, Control y Evaluación Ambiental, por resolución del 11 de noviembre, aprobó la adaptación de la Red de Vigilancia de la Calidad del Aire del Ayuntamiento de Madrid a la Directiva 2008/50/CE, de 21 de mayo, relativa a la calidad del aire ambiente y una atmósfera más limpia en Europa. Esta reciente adaptación –que sigue los nuevos criterios de implantación y tipología de estaciones que establece la legislación europea–, ha consistido en ajustar el número de estaciones y selección de parámetros a los problemas actuales de contaminación, teniendo en cuenta además la evolución demográfica y distribución de la población.